Louise Bourgeois

Louise Bourgeois (1911) nace en París en el seno de una familia dedicada a la restauración de tapices. Su padre era arrogante y mujeriego y su madre, una paciente esposa dedicada al trabajo con ahínco como una araña, que le enseñó las ideas de restauración que después Louise aplicaría a su arte (Araña, 1997). Louise, que llevaba el nombre de su padre y era su preferida. vivió su niñez en medio de una extraña y devastadora situación familiar. Su madre toleraba los amoríos de su padre, quien llevo a casa a una de sus amantes, como institutriz de la pequeña Louise. Esta inseguridad emocional, en donde se mezclaban los celos de la amante, la humillación de la madre y la traición del padre, dejó en ella un efecto atroz, del que sólo supo librarse parcialmente dedicándose al arte, sin dejar del todo el territorio de la infancia.

 

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Araña, 1997.

 

Hasta no hace mucho casi nadie conocía la estatura artística de Louise Bourgeois, aun cuando llevase más de cuarenta años sumergida de manera obsesiva  y muy productiva, pero en silencio, en una de las obras más inquietantes de la segunda mitad del siglo XX. Perteneciente por generación a la posguerra inmediata, su obra anticipa y desarrolla algunas inquietudes de la juventud artística de los sesenta.

Desde que Louise Bourgeois se instaló en Nueva York en 1939, su vida creativa, cada vez más centrada en el lenguaje del cuerpo, fue creciendo en intensidad y en seguridad, y aunque participó en varias exposiciones, se la consideró siempre como una «anomalía histórica», cuyas esculturas apenas se vendían , lo que la permitió, como ella dice, trabajar con una libertad que no siempre el mercado y la reputación permiten. Solo cuando a los 71 años el Moma le dedicó la primera gran retrospectiva, se comprendió cuan sincera, dramática e imponente era su contribución al arte del siglo XX, y hasta qué punto alteraba radicalmente el canon «oficial» de la modernidad americana.

 

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Celda (Arco de la histeria), 1992.

 

Esta Celda, creada por Louse Bourgeois a los ochenta años de edad, pertenece a la serie de instalaciones realizadas en medio de una explosión creativa. La imagen de la Celda se engrana en un tema recurrente, la guarida, que explora en todas sus modalidades: el refugio, los lugares de retiro y de secuestro, los santuarios íntimos, pero también la trampa y la jaula; y , en general con todas las variantes de la cavidad que plantean la cuestión del cierre y de la exclusión, de lo uterino y de lo intestinal, del umbral y la penetración, de la agresión y la vulnerabilidad.

El tema último de Louise Bourgeois es el miedo unido al dolor. » Es mi especialidad: dar sentido a la frustración y al sufrimiento». En Arco de histeria, un cuerpo masculino fundido en bronce, sin cabeza, aparece tendido en un lecho amoroso en el centro de lo que parece una cámara de tortura. A Bourgeois le interesa la forma escultórica que adopta un trastorno mental cuando la conciencia pierde el control sobre el cuerpo; el modo en que el ataque neurótico lo arquea momentáneamente. Sobre este cuerpo, solidificado en el clímax de la convulsión semicircular, se yergue una imponente sierra eléctrica, que recuerda la ficción torturadora de la «colonia penitenciaria» del cuento de Kafka.

Esta intocable novela familiar de Louise Bourgeois, cargada de color literario y de traumatismo freudiano, suele servir a los críticos para dar explicación a su obra. Para dar cuenta del control sobre el proceso que requiere todo acto de creación («la nostalgia no es productiva»), de la reelaboración de los materiales originarios, basta recordar una metáfora que ella repite en sus entrevistas: «En la vida me veo como una víctima; pero en el arte, yo soy el asesino».Esta condición caníbal, impúdica de su obra, que no desafía hasta lo intolerable, es , en el fondo, el producto de la disciplina, de un férreo combate para reconquistar el caos. Por eso Louise Bourgeois, se muestra, esquizofrénicamente, tanto en el papel de uan artista tenaz y razonable, un punto maliciosa, como en el de una neurótica frágil y regresiva, ofuscada por el fantasma familiar.

 

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Louise Bourgeois.

 

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