Francisco de Goya: Las majas en el balcón.

Goya siempre demostró una marcada preferencia por la pintura de género, donde podía dar vía libre a su inspiración y que, en general, trató siempre en pequeño formato.

En la época de la guerra de la Independencia, y como consecuencia quizá de la falta de encargos por parte de la alta sociedad, emprendió a título personal una serie de escenas costumbristas de mayores dimensiones, que figuran entre sus obras más importantes. Entre ellas se encuentra Las majas en el balcón. Hoy en día pueden admirarse en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.

 

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Francisco de Goya, “Las majas en el balcón”. Madrid, hacia 1810. Óleo sobre tela, 195 x 126 cm. Nueva York, Metropolitan Museum of Art.

 

Las majas en el balcón presenta una magnífica orquestación de gestos alusivos, de sentimientos que se insinúan más que se expresan libremente, en una atmósfera fascinante y misteriosa, que Goya consiguió trasladar plenamente por medio de la composición y el color. La gracia leve de los encajes y las puntillas, la sonrisa entre reservada e insinuante, las encendidas miradas de las dos damas juegan con los perfiles de los “majos” situados en la penumbra, a sus espaldas, envueltos en sus capas oscuras.

La escena de Las majas en el balcón se abre al otro lado de la balaustrada, con las figuras en primer plano de las dos mujeres (una de ellas vestida de blanco, con adornos en oro, y la otra de negro, resaltando el blanco del corpiño y el velo) unidas en la composición triangular, mientras que las sombras inquietantes de los caballeros parecen “abrirse”, en el segundo plano.

Los colores utilizados por Goya en Las majas en el balcón corresponden a los dos “planos” de la composición: blancos y negros los de las “majas” (velo blanco y vestido negro en una dama, velo negro y vestido blanco en la otra) enriquecidos y valorizados por los amarillos oro; marrón y marrón oscuro para las figuras de los “majos” envueltos en las capas.

También en sus dibujos Goya demostró su  capacidad de participación en la vida de su tiempo. Precisamente en los dibujos se confirmó como hijo de su tierra, hasta el punto de identificarse con el alma de España, con su apasionamiento y sus inquietudes, con su sed de vida y con su voluntad de muerte. En ocasiones, sus dibujos son una obra independiente; en otras, se trata de estudios preparatorios para pinturas o, con mayor frecuencia, para grabados.

En el esquema de Las majas en el balcón se pone en evidencia la composición triangular que  guía la posición de las dos figuras femeninas, inclinadas en un íntimo coloquio, mientras que las figuras masculinas se hallan dispuestas en direcciones divergentes.

 

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