El esgrafiado

El esgrafiado es un procedimiento mural, que se lleva a cabo a base de colores planos en dos o más niveles, adecuado para lograr efectos decorativos y ornamentales, con soluciones modernísticas, a pesar de ser un procedimiento tan antiguo como el propio fresco.

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En el esgrafiado, primeramente se aplica una base de color, que consiste en dos revoques, uno después del otro, de cal y arena (mitad y mitad), con el pigmento incorporado ya en el mortero. El pigmento se añade a la pasta por separado, es decir, primero, el pigmento diluido en agua se echa a la cal sola y una vez está bien mezclado se le añade la arena. Con el segundo revoque se obtiene un fondo de color uniforme para el esgrafiado. Tanto el primero como el segundo revoque se dejan fratasados, hasta el punto de que hay quien raspa el segundo fratasado con un peine metálico especial a fin de que quede más áspero y uniforme. Todo eso se deja reposar un mínimo de veinticuatro horas o más.

Para continuar con el esgrafiado, al día siguiente se extiende otro revoque delgado, con el mismo mortero y del mismo color que el día anterior. Es preferible guardar el color con la cal, sin mezclarlo con la arena; esta se mezcla en el momento necesario, ya que hay algún color que puede hacer que la masa se pose en el fondo. A continuación se dan otros dos revoques seguidos, de color diferente al ya dado anteriormente, generalmente de un color más claro y de un grosor adecuado. El último revoque se dejará enlucido o fratasado, según se quiera. Los revoques se dan de dos en dos para obtener un mayor grosor y uniformidad.

A continuación se estarce el dibujo sobre la superficie acabada de preparar, y, con la ayuda de un estilete adecuado, se va cortando la pasta aún húmeda en forma de bisel, haciéndola saltar hasta llegar al color de fondo (más seco) del día anterior; de este modo se logra un efecto de masas o líneas en dos niveles de tonalidades y de distintas calidades.

El acabado de un esgrafiado puede hacerse con diferentes texturas: raspado, enlucido y bruñido. La primera capa recibe el nombre de trepa, y la segunda, el de contratrepa.

Como es natural, este trabajo puede ampliarse a tres, cuatro o más colores, pero teniendo presente que cada color requiere una nueva capa.

Cuando el esgrafiado se realiza en el exterior, a fin de darle más resistencia se le puede mezclar una pequeña cantidad de caseína o bien de leche desnatada. De todas maneras, actualmente al esgrafiado se le podrían incorporar otros materiales, como las colas sintéticas, cemento blanco etc., que sin modificar los resultados, podrían darle una mayor consistencia.

Los antecedentes del esgrafiado se remontan a la Antiguedad; no obstante, este procedimiento ha alcanzado su auténtica razón de ser cuando ha servido para decorar los muros de edificios faltos de ornamentación arquitectónica.

En el Renacimiento italiano, el esgrafiado ya se utilizaba en la decoración de paredes de edificios importantes. No obstante, fue en plena época barroca cuando conoció su auténtico auge, muy especialmente en el siglo XVIII, época en que su uso se extendió por todas partes.

En Segovia enraizó con fuerza y dio frutos realmente interesantes. Después, siguiendo los gustos imperantes en cada época, ha sobrevivido hasta hoy.

 

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